lunes, 19 de julio de 2010

La almohada

Y otra vez, el insomnio acechante, a las puertas de un desvelo que promete guiarme al paraíso de los sueños sin dormir… una gran promesa en puerta, algo, o alguien, un recuerdo quizás de lindos momentos se acercan para darme sus caricias de buenas noches, las sábanas me envuelven lentamente y la almohada, ja, la almohada, mi más fiel amiga, mi mejor oído. Que nuevamente me escucha. Contame, me dice… qué anda pasando… Nada, no puedo dejar de pensarlo.


domingo, 18 de julio de 2010

El sonido del "Señor sin sueños"

Allá en lo más profundo del inconsciente yace un ruido horroroso, es el mismo de siempre, del que nadie puede ni podrá jamás escapar, el que te indica la puerta de salida de ese “más allá” que te acuna entre mundos fantásticos, para mostrarte otra vez la realidad. Y abrís las ventanas de tus ojos que se revelan caprichosas ante una mentirosa voluntad.
Es ahí cuando decís: ¿Adónde está?, ¿adónde está ese maldito ruido?... y lo ves, ahora ese ruido tiene un dueño, alguien o algo que lo maneja con cierta ironía; un cuerpo, generalmente cuadradito y pequeño.

Tu mundo fantástico ya pasó al olvido y se está por librar la batalla de tu vida contra la neurótica repetición de los días: la rutina. ¡Ahí estás!, decís en tu interior, y sabés que de no haber sido porque te separó del mejor mundo, tal vez no sería tan malo, pero es peor, es despiadado y burlón; le encanta hacerte enojar.
Estiras lánguidamente tu brazo para alcanzarlo, como quien quisiera matar a alguien, pero no es suficiente, sigue riéndose en tu propia cara; tiririrí, tiririrí, tiririrí, tiririrí…

Y ¡plaf!, lograste callarlo, al fin…
El pobre parece totalmente derrotado en el piso y ya no más ese ruido, por fin dejó de vivir, esa basura. Pero de pronto lo levantás -porque te da pena, o curiosidad- lo tomás con tus manos, y otra vez volvés a mirar sus bracitos, uno más corto que el otro, que tímidamente vuelven a moverse al compáz del Tic Tac. Y sumiso, vos también respirás.