viernes, 6 de noviembre de 2009

El no nacido -el regreso-

Luego de la búsqueda incansable de Juan, la esposa apareció en una clínica con un cuadro de amnesia temporal. Los médicos se contactaron con los familiares, y entonces cuando mejoró, volvió feliz a su casa.

Después de unos meses, y darse por vencidos en la búsqueda del niño; se comenta, sin saber bien cómo, que el no nacido volvió junto a su familia.
Uno de los médicos que lo asistió, consideró buena idea hacerle estudios de rutina para ver si el niño se encontraba en buen estado.
Pero por desgracia, un virus terrible se había adueñado del chico, motivo por el cual no podía salir de la casa. Ni él, ni la madre y tampoco su hermanita que iba al jardín de infantes. No debían exponerse, ya que tenían que evitar llevarle otros virus al niño, se hacía necesario encerrarse en esas cuatro paredes sin estar en contacto con el exterior, y resguardar así la salud.
El único que podía salir de la casa era Juan: el padre del chico que se encargaba de hacer las compras cada vez que volvía del trabajo.

Un día cualquiera en el que Juan había vuelto del trabajo, recordó que su esposa ese día iba a cocinar pastas para la cena, así que antes de entrar a la casa, fue a comprar tomates y aceite para hacer salsa, y cuando entró y pasó la puerta, ahí mismo supo que le faltaba el queso rallado.
Pero el médico había sido claro: -Una vez que atravieses la puerta de casa, al venir de la calle, deberás lavarte las manos, cambiarte la ropa y ya no podrás salir.
Esa noche comieron pastas sin queso.
Todos los días se repetía la misma rutina: volver del trabajo, ingresar a la casa y -como quien atraviesa una cortina de hierro- ya no poder salir.
Debía cambiarse de vestuario, y la mujer, urgente, metía las prendas en el lavarropas –y, como si fuese una religión- se colocaba el pijama, un barbijo y lavaba bien sus manos con alcohol para desinfectarlas.

A pesar de eso igualmente no lo veía; casi ni tenía contacto con el niño.
El chico estaba logrando con éxito lo que desde un principio tramó cuidadosamente: no salir al mundo.
La primera vez, a pesar de haber podido estar dentro del vientre de su madre por dos años, aún así tuvo que salir; la madre dio a luz, muy a pesar de sus maniobras para no nacer.

Pero el engendro seguía manipulando cruelmente a la familia. Por alguna razón desconocida, había logrado tomar posesión de la voluntad del médico y lo influenció mentalmente para que éste dijera que la familia debía quedarse dentro del hogar hasta tanto se curara. Así como también indujo a la madre a comprar cortinas muy oscuras de pana y mantener la casa cerrada y en penumbras con la supuesta finalidad de que ningún virus pudiera penetrar el recinto. Y por orden médico no podrían salir de la misma por el tiempo que le lleve curarse.
La única persona agraciada, con la posibilidad de entrar y salir, era el padre; el hombre de la casa.

Convirtió ese lugar en un gran vientre: oscuro, cálido, hermético. El no nacido buscó infectarse con un virus para no volver a salir, conjurando la casa para que ésta se convirtiera en lo que ahora era; su nuevo útero, del que no sólo no salía él; tampoco la familia.

sábado, 31 de octubre de 2009

El no nacido

La esposa de Juan tenía un embarazo de unos catorce meses, sus familiares estaban desesperados porque, según los médicos, el chico nacería con parto normal debido a la ubicación de su cuerpo; al parecer ya tenía la cabeza mirando hacia abajo. Los doctores descartaban la idea de hacer una cesaria, afirmaba que había que esperar.
El tiempo se extendía y en el trabajo de Juan se preocupaban. Una compañera temía por la salud de su señora, mientras se acercó a la máquina de hacer café le dijo: -Mirá, Juan, que si te pasás del tiempo se vence!.
Otra compañera -que estaba escuchando la conversación- mientras le alcanzaba el azucar a la otra, interrumpió:
-¿En serio?
-Claro -dijo con mucha seguridad mientras se sentó enfrentada al escritorio de él- es como la comida, tiene su tiempo de duración.

Mientras ellas debatían acerca del niño que llevaba en su vientre su esposa, él levantaba temperatura, la cara se le enrojecía.
-Juan ¿estás bien?, -le preguntó una. El problema con era su presión. Padecía de presión alta así que, cada vez que parecía que estallaría, en la oficina todos hablaban de cosas lindas. Inmediatamente se pusieron a hablar de cosas triviales para calmar su ansiedad.

Por suerte en el trabajo estaban muy pendientes del embarazo, y en varias oportunidades hasta le extendieron una mano para ayudarlo. En el barrio era igual sólo que la gente ponía demasiadas expectativas en este bebé que no llegaba.
Los meses siguieron pasando y las cosas se tornaron cada vez más tediosas, ya habían alcanzado los dos años de gestación y la criatura no salía. Las viejas del barrio, que sonrientes solían comentar: -Qué lindo… ese niño no quiere salir de la pancita de la mami”, ya no querían ni mirar y solo se juntaban en la esquina –con sus monederos en mano para disimular ir a comprar el pan- mientras lo criticaban cada vez que lo veían volver a casa.
En el trabajo lo aislaron, la gente ya se había cansado de la espera, y la misma que le había dicho que debía ir a visitar otros médicos porque sino el bebé podría “vencerse”, opinaba en su contra y murmuraba: “para mí que ese chico no quiere salir porque es de otro padre, y encima su esposa siempre fue una rapidita”.
Otros, aseguraban que era el hijo de un extraterrestre.
El tema es que el cuerpo de la esposa de Juan no sólo estaba sufriendo algunas pequeñas transformaciones sino que además ya no tenía una panza normal, la forma del chico podía verse a través de su piel. Las manos y la cara se visualizaban con mucha claridad y los brazos y codos, ese chico hacia lo que quería en ese cuerpo y encima seguía creciendo.

En el trabajo se dieron cuenta de que Juan necesitaba ayuda y el jefe, que era bastante poderoso y tenía influencias, intentó tocar alguno de sus contactos para que le hicieran el parto de una buena vez. Un médico vio el caso pero no se animó a tomarlo, le parecía demasiado riesgoso, ni las influencias del jefe pudieron. Sin embargo éste no dudó un segundo y le dijo a una de las empleadas: “Vos oficiarás de partera mientras los demás y yo ayudamos a que este ser nazca de una vez por todas, ya estoy cansado de esto”.

Ese día fueron todos los de la oficina a la casa de Juan a ayudar a parir a la esposa. El jefe de Juan se tuvo que sentar arriba de la panza para que el chico se ahogara y sintiera la necesidad de salir, pero nada. El engendro no salía. La que oficiaba de partera sudaba y tenía medio brazo metido adentro de la mujer mientras tenía sujetado uno de los pies del chico que logró sacar afuera, calzaba como 34. Todos miraban el pie y nadie quería seguir ayudando.
El jefe sentado sobre la panza, se movía sin parar porque el chico luchaba para no nacer. Acto seguido, la mujer pegó un grito y dijo: -Por favor basta por hoy. Mañana seguimos. El jefe se bajó de la panza y la que hacía de partera se paso la mano por la frente y con un pañuelo secó el sudor. Vamos dijo El jefe, y Juan los acompañó a la puerta.
Al otro día Juan fue a trabajar como de costumbre y al volver a casa junto a todos los de la oficina para que volvieran a ayudarlo con el parto, al atravesar la puerta ve que su mujer no estaba en la cama, la buscó por todos lados pero no había caso. El jefe de Juan le mostró unas huellas de zapatillas número 34, exactamente el tamaño del pie que todos habían visto salir del cuerpo de la buena mujer.

A partir de entonces Juan busca a su esposa sin pausa, y en el barrio se comenta que ese día vieron salir de la casa a un chico que se parecía a ella. Las malas lenguas dicen que el chico tomó el cuerpo de la mujer y se escapó. Otros, que el niño era hijo de un alienígena. Y otros, que Juan mató a su mujer para que el engendro no naciera.
Lo cierto es que nadie puede decir con certeza qué pasó en verdad, pero a partir de la desaparición de la señora y el chico, esta historia es contada como “la historia del no nacido”.

jueves, 29 de octubre de 2009

Dicccionario embrionario

LINDA: Persona que deposita toda su energía en su aspecto físico, la mayoría de las veces olvida su cerebro en algún lado.

PATÉTICO: Dícese de aquella persona que no entiende un rechazo amoroso y sigue insistiendo.

BLANCA: Tan impura como una orgía de colores.

DIOSA: Mujer sufrida. Tan solitaria como bella.

BAJÓN: Estado mental en el que varias partes del cuerpo conspiran en favor del ataque de una heladera.

PARTES: Dos o más personas que pelean por algo en un juicio. La parte ganadora generalmente es la que legitima la ceguera de la estatua de la justicia.

CURA: Persona que se cree superior a los demás.

CASTIGO: Consecuencia de la perversión de la culpa.

CONECTADO-CONECTADOS: Dícese de alguien que no puede salir de su casa por estar sujetado a una máquina.

CHANCE: Oportunidad que le da la vida a las personas pacientes.

PERONISMO: Con mucha pera.

CONDICIONAL: Acción de amar con reglas a respetar.

BÁRBARO: Macho argentino.

PROTECTOR: Ser extremadamente posesivo que se jacta de ser buena persona.

REFRESCANTE: Todas aquellas gaseosas que en vez de sacar la sed, la generan.

NEGRO: Pureza, contrario al blanco.

COSA: Denominación que le dan los niños a algún compañerito-a cuando no saben su nombre: cosa, coso.

GENTE-GENTES: Seres neuróticos, y o histéricos.

MONA: Con personalidad, por más que la vistan de ceda: mona se queda.

ÍDOLO: Construcción simbólica que se efectúa sobre una persona común y corriente, con ciertas características explotables por el mundo de la comunicación. La mayoría de las veces, el personaje idolatrado se "come" a la persona que lleva esa imagen.

GRASA: No ser honesto.

MENSAJE: Conexión o no entre dos o más personas.

PERVERSO: Aquel que se encuentre en las grandes esferas.

SISTEMA: Donde los perversos sonríen.

MORTAL: Persona afortunada.

MARGINAL: No necesariamente con connotación negativa. Depende de dónde se esté parado, puede resultar mejor ser marginado.

lunes, 26 de octubre de 2009

Labyrinth

Vuelo

Y otra vez el viento me lleva, un remolino me eleva y sigo mi propia corriente. Sin correas, sin banderas; sin fronteras.
Simplemente voy, mi mente vuela, viaja y yo con ella.

jueves, 22 de octubre de 2009

RoZada

Te viniste rosa, rozada por la vida. Pero ni el verde limón te enseñó a endurecer al corazón, el celeste del cielo te avisó que no era sincero. Un dulce noviembre apareció en el desierto.

-¿Son ustedes, reyes magos, mis padres abandonados?
-No. Y se cerró la puerta, dejándote del lado de afuera.
-Me estoy poniendo los pantalones, dijo el lobo al tiempo que un viento derribó la humilde casita que tus padres construyeron.
Las paredes, los techos, los muebles, todo se hizo añicos, trizas, se hicieron cenizas, pero quedaron en el olvido y ninguna pasión las reclamó.
Se fueron yendo, de a poco, hasta dejarte sola, sola con nadie más que vos. Una gota de agua salada calló de tus ojos, y golpeó fuerte sobre el pupitre donde te sentabas cuando eras rosa pero no rozada.
Un pequeño principito tomó la gota del pupitre, y mirándote fijo a los ojos como queriendo robar el momento, se la guardó.
Aquel noviembre te congeló hasta el nuevo noviembre que le siguió, los cielos cambiaron de colores, como los árboles y tu vestido.
Los cumpleaños vinieron y se fueron, vinieron y se fueron; pero vos esperabas.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Quién soy, qué hago, qué me gusta?


Simple: pero muy analítica, no puedo vivir sin analizarlo todo. O sea, nada que ver con simple.

Sensible: léase: llorona, histérica, pero simpática; es decir, parecido a sensible pero no lo mismo.

Aniñada: Es decir evito ver la realidad con mirada adulta, o bien, no leo el diario, o bien no quiero crecer.


Me gusta: Escribir, es mi forma de seguir sosteniendo mi mundo mágico.

Namaste...